בס"ד
"Qué es la Kabbaláh?"
Kabbaláh en Hebreo: Recepción.
La palabra y el concepto se refieren a la "recepción de la Abundancia Divina (o el Bien), de acuerdo al Propósito de la Creación inmanente en el Pensamiento de la Creación".
Quiere decir que la diciplina Kabbalística nos enseña la forma correcta , o corregida o perfeccionada, de recibir toda la Abundancia con la cual Él quiere agraciarnos.
El Creador alabado Sea quiere dar a Sus Criaturas todo el Bien Infinito existente en El. A tal fin, o sea a fin de recibir (LeKabbel, en Hebreo) Su Abundancia tal cual Él nos la quiere dar, es necesaria la existencia de un recipiente en el cual recibirla, del mismo modo que si no tenemos una copa, no podemos llenarla de agua... (Agua es uno de los nombres metafóricos de la Toráh y de la Sabiduría).
El recipiente creado a tal fin es nuestra voluntad de recibir.
(Contemplemos este concepto, "voluntad de recibir", por unos minutos... y quizas logremos aunque más no sea vislumbrar la magnitud inconmensurable de este "recipiente": nuestra voluntad de recibir, en todo su número infinito de variaciones y diferentes formas de manifestación.
El Creador, entonces, quiere dar. Y, consecuentemente, las criaturas quieren recibir.
Sólo que existe un factor que nos impide recibir todo el Bien y Abundancia, tal cual la Intención del Creador. Y ése factor es llamado vergüenza de recibir (la Kabbaláh la llama¨Nehama Deksufa", un término en Arameo).
Observemos el siguiente fenómeno de nuestras vidas cotidianas, tán conocido y generalizado como lo es desapercibido : como individuos nos sentimos mucho mejor cuando damos, que cuando recibimos... Esto se debe a que el dar atrae hacia nosotros vibraciones mucho más elevadas y curativas que el recibir.
Es sabido que no existe ninguna realidad material que no tenga sus raíces en una realidad espiritual. La raíz de ésta realidad física/material llamada vergüenza, radica en el punto reencarnante, o "Chispa Divina", presente en el corazón (metafórico) de cada uno de nosotros, y se expresa por medio de nuestra aspiración espiritual de "asemejarnos al Supremo", que a su vez se manifiesta en la aspiración de dar, como Él Y no de recibir, la cual no existe en El.
Entonces por un lado cabe la pregunta ¿cómo es posible cumplir con el propósito de la Creación, o sea que nosotros, Sus Criaturas, recibamos con regocijo toda Su Abundancia, si recibir es estar totalmente en oposición a Él y por lo tanto nos causa vergüenza, y en lugar de acercarnos al Creador nos aleja?
Y por otro lado nos preguntamos: ¿"Cómo es posible cumplir con el propósito de la Creación si no recibimos todo Su Bien, tal como es Su Intención"?
Aquí contamos con las enseñanzas de la Kabbaláh, las cuales vienen a indicarnos el camino a seguir en nuestras vidas materiales mundanas, un sendero de labor espiritual diseñado a fines de conducirnos al mejoramiento y al perfeccionamente de nuestra persona.
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¿Recibir qué? Recibir su Abundancia y Su Luz, que son Una y lo mismo.
¿Dar qué? Dar placer al Creador.
¿Porqué dar deleite al Creador? Reflexionemos, ¿cuál es o podría realmente ser ese "algo" que nosotros podríamos dar al Creador? ¿Es que existe acaso algo en el Universo Creado que nosotros podamos ofrecerle y que ya no exista en El Infinito?
¿Quién puede "darle" cosa alguna al Creador, a no ser regocijo y deleite?
Hay cuatro formas de recepción:
1) Recibir sólo para uno mismo, llamado recibir para recibir.
2) Dar para recibir.
3) Dar por dar.
4) Recibir sólo para dar.
La primera es la forma "natural" o creada de nuestra voluntad de recibir, tal como fue implantada en nosotros al nacer, en toda su magnitud y potencia y respecto a la cual está designado que debe crecer en tamaño y fuerza hasta los 13 años de edad;
La segunda forma es considerada el primer peldaño en la escala de la ascención espiritual, la face en la cual nuestra voluntad de recibir comienza a ser rectificada. Esta face comienza después de los 13 años de edad, cuando se dice que el individuo es Bar o Bat Mitzváh, lo que puede traducirse como digno o merecedor de comenzar a cumplir los 613 preceptos.
(Es importante señalar que los conceptos relacionados a la edad de la persona, o sea a tiempo y espacio, se refieren más bien a estados de consciencia y no a situaciones físico-materiales: es posible la realidad de un niño de 10 años que meritó ya la tercer forma de la voluntad de recibir, así como la realidad de un individuo de 90 años que aún ni siquiera discernió con su intelecto la existencia de la primera forma de la voluntad de recibir).
La tercer forma de la voluntad de recibir ya es considerada como una forma más pura de recibir, aunque aún no completamente perfeccionada.
Es en ésta etapa en la cual entra en juego en nuestras vidas, en realidad y por primera vez concientemente, el libre albedrío. O sea la libertad de elección, respecto a la cual dicen los Sabios que es en realidad la indicación que debemos rechazar el camino del mal, o sea el camino de recibir sólo par a uno mismo, y optar por el camino del Eterno, o sea el camino del Bien. Y la esencia del camino del Bien es, de acuerdo a la Toráh, el precepto supremo de amar al Prójimo como a uno mismo.
Esta tercer face ya depende totalmente del individuo y de la elevación espiritual de su Yo superior en relación a las circunstancias físico-materiales que le toca vivir. Por lo tanto puede que se manifieste durante su vida, o puede que no.
La cuarta forma es la forma de recibir para dar, que corresponde al nivel espiritual de los Justos entre los Justos. Aquellos Elegidos que, a lo largo de las generaciones de Israel merecieron y gracias a la elevación de sus almas, merecieron "Ver a D-s cara a cara", en las palábras bíblicas. En el mundo material, ésa realidad espiritual se manifiesta en la Profecía.
Y ésos son entonces nuestra labor y nuestro cometido en este mundo terrenal: a través de nuestras acciones debemos transformar, curar o perfeccionar nuestra voluntad de recibir sólo para nosotros mismos, y elevarla al nivel de voluntad de recibir para dar placer al Creador.
Y tú lector o lectora "contempla bien todo ésto", como dijo el el Ariza"l, y ténlo presente cada vez que se habla de Kabbaláh Y tu sendero será entonces certero y tu caminar seguro.
Que la Bendición del Eterno sea con nosotros.
rami kot.
jueves 26 de abril de 2007
jueves 22 de marzo de 2007
Penas y Alegrías
Al nacer el ser humano, el Señor puso en sus manos dos cajas grises y simples.
Preguntole el hombre/mujer al Señor: “Para qué son estas cajas?”
Le contestó: “En una de las cajas guardarás todas las experiencias positivas de tu vida, todos los momentos de alegría y felicidad, todas las horas de placer y de risa, todos los recuerdos que te alegran y que te colman de amor. Todo lo positivo de tu vida lo guardarás en una de las cajas”
“Y qué haré con la otra caja?”, volvió a preguntar el ser humano.
“En la otra guardarás todos los momentos de pena, dolor y soledad, junto con todos aquellos recuerdos que te causen una sensación molesta. Guardarás en ella todos los momentos de angustia y de miedo, los llantos y los sufrimientos y todas aquellas experiencias ingratas de tu vida”, contestole el Señor.
Preguntó el hombre: “Como sabré distinguir entre las dos cajas? Ambas son simples y del mismo color...!
“Al comenzar a llenarlas ya sabrás cómo distinguir entre ellas”, le prometió el Eterno.
Y así el ser humano comenzó su vida: guardó todo lo bueno y positivo de su vida en una de las cajas, y en la otra metió todos los momentos de pena y dolor. Al pasar los años, la caja de la alegría comenzó a cambiar: ya no era de un gris frío y neutro, sino que comenzaba a cobrar un color vivo y alegre. Y con cada nueva experiencia positiva, la caja iba haciéndose mas colorida y más amena a la vista.
La caja de las penas, en cambio, siguió siendo de un color gris simple y tedioso.
Llegó el día de presentarse ante su Creador, y cuando el hombre llegó a la puerta del cielo le indicaron que debe colocar sus cajas delante del Señor.
En primer lugar el hombre tomó la alegre y colorida caja de los momentos felices, la cual no le causaba esfuerzo alguno a pesar que estaba repleta y pesada, y la colocó ágilmente ante el Trono Divino, a los pies del Creador.
A continuación hizo lo mismo con la caja de las penas, la cual parecía no haber cambiado de peso a través de los años.
Abrió el hombre la caja de la felicidad, y el Señor comenzó entonces a desparramar por Su Templo todos los momentos de alegría del hombre/mujer, los cuales comenzaron a bailar y cantar alrededor de él. Y el hombre/mujer, feliz al recordarlos una vez más, agradeció al Señor el haberle causado guardarlos durante toda su vida.
Llegó el momento de abrir la caja de las penas...
El hombre/mujer se encogió... No quería que el Señor desparramara por el Templo todos los momentos de su vida llenos de dolor y pena. No quería recordar su soledad y sus sufrimientos, sus angustias y sus miedos...
“Ábrela” le indicó el Señor.
El hombre/mujer abrió la caja y miró en su interior. Y he aquí que la caja estaba completamente vacía, y en su fondo se veía un gran agujero!!!
“Lo siento, Señor”, dijo el hombre/mujer, “aparentemente a través de los años he dañado la caja y hay en ella un gran agujero, por el cual aparentemente todos mis momentos de pena se han perdido. No tengo ningun dolor para mostrarte, Señor”, concluyó el hombre/mujer.
El Creador sonrió y le dijo: “ Ningún daño le aconteció a tu caja, hombre/mujer. Así te la dí en primer lugar: con un agujero en el fondo”.
“Una caja agujereada?”, preguntó el ser humano. “Para qué?”
Dijo el Señor: “Al ser humano le es difícil desprenderse de las experiencias de su vida, sean éstas alegres o tristes. Dado que Yo no quise que acumules tus momentos de pena, es por eso que te dí una caja desfondada: para que las tristezas y las penas puedan salir y desvanecerse. Es suficiente experimentar las penas una sola vez, no es necesario que se repitan”.
“Si es así” –preguntó el ser humano- “Para qué me diste dos cajas caja en primer lugar?”.
“El ser humano no puede evitar los recuerdos”, dijo el Señor, “ya que recordar es parte de la escencia humana. Y así como deseo que el hombre/mujer recuerde todos y cada uno de los momentos de Gracia en su vida, no deseo que recuerde los detalles de sus momentos de pena".
"Y es por éso que la caja de alegrías fué diseñada para acumularlas y, así, poder recordarlas...En cambio la caja de las penas fué diseñadada para que estas se pierdan y, así, poder olvidarlas”.
···············································································································
Y eso es en realidad lo que al ser humano le conviene hacer:
Recordar los buenos momentos de su vida y olvidar los malos. No tiene sentido enfocarse en el dolor, ya que eso es pesado y limitante. En tanto que la alegría y la dicha conducen al hombre hacia adelante y hacen su vida más fácil.
Al nacer el ser humano, el Señor puso en sus manos dos cajas grises y simples.
Preguntole el hombre/mujer al Señor: “Para qué son estas cajas?”
Le contestó: “En una de las cajas guardarás todas las experiencias positivas de tu vida, todos los momentos de alegría y felicidad, todas las horas de placer y de risa, todos los recuerdos que te alegran y que te colman de amor. Todo lo positivo de tu vida lo guardarás en una de las cajas”
“Y qué haré con la otra caja?”, volvió a preguntar el ser humano.
“En la otra guardarás todos los momentos de pena, dolor y soledad, junto con todos aquellos recuerdos que te causen una sensación molesta. Guardarás en ella todos los momentos de angustia y de miedo, los llantos y los sufrimientos y todas aquellas experiencias ingratas de tu vida”, contestole el Señor.
Preguntó el hombre: “Como sabré distinguir entre las dos cajas? Ambas son simples y del mismo color...!
“Al comenzar a llenarlas ya sabrás cómo distinguir entre ellas”, le prometió el Eterno.
Y así el ser humano comenzó su vida: guardó todo lo bueno y positivo de su vida en una de las cajas, y en la otra metió todos los momentos de pena y dolor. Al pasar los años, la caja de la alegría comenzó a cambiar: ya no era de un gris frío y neutro, sino que comenzaba a cobrar un color vivo y alegre. Y con cada nueva experiencia positiva, la caja iba haciéndose mas colorida y más amena a la vista.
La caja de las penas, en cambio, siguió siendo de un color gris simple y tedioso.
Llegó el día de presentarse ante su Creador, y cuando el hombre llegó a la puerta del cielo le indicaron que debe colocar sus cajas delante del Señor.
En primer lugar el hombre tomó la alegre y colorida caja de los momentos felices, la cual no le causaba esfuerzo alguno a pesar que estaba repleta y pesada, y la colocó ágilmente ante el Trono Divino, a los pies del Creador.
A continuación hizo lo mismo con la caja de las penas, la cual parecía no haber cambiado de peso a través de los años.
Abrió el hombre la caja de la felicidad, y el Señor comenzó entonces a desparramar por Su Templo todos los momentos de alegría del hombre/mujer, los cuales comenzaron a bailar y cantar alrededor de él. Y el hombre/mujer, feliz al recordarlos una vez más, agradeció al Señor el haberle causado guardarlos durante toda su vida.
Llegó el momento de abrir la caja de las penas...
El hombre/mujer se encogió... No quería que el Señor desparramara por el Templo todos los momentos de su vida llenos de dolor y pena. No quería recordar su soledad y sus sufrimientos, sus angustias y sus miedos...
“Ábrela” le indicó el Señor.
El hombre/mujer abrió la caja y miró en su interior. Y he aquí que la caja estaba completamente vacía, y en su fondo se veía un gran agujero!!!
“Lo siento, Señor”, dijo el hombre/mujer, “aparentemente a través de los años he dañado la caja y hay en ella un gran agujero, por el cual aparentemente todos mis momentos de pena se han perdido. No tengo ningun dolor para mostrarte, Señor”, concluyó el hombre/mujer.
El Creador sonrió y le dijo: “ Ningún daño le aconteció a tu caja, hombre/mujer. Así te la dí en primer lugar: con un agujero en el fondo”.
“Una caja agujereada?”, preguntó el ser humano. “Para qué?”
Dijo el Señor: “Al ser humano le es difícil desprenderse de las experiencias de su vida, sean éstas alegres o tristes. Dado que Yo no quise que acumules tus momentos de pena, es por eso que te dí una caja desfondada: para que las tristezas y las penas puedan salir y desvanecerse. Es suficiente experimentar las penas una sola vez, no es necesario que se repitan”.
“Si es así” –preguntó el ser humano- “Para qué me diste dos cajas caja en primer lugar?”.
“El ser humano no puede evitar los recuerdos”, dijo el Señor, “ya que recordar es parte de la escencia humana. Y así como deseo que el hombre/mujer recuerde todos y cada uno de los momentos de Gracia en su vida, no deseo que recuerde los detalles de sus momentos de pena".
"Y es por éso que la caja de alegrías fué diseñada para acumularlas y, así, poder recordarlas...En cambio la caja de las penas fué diseñadada para que estas se pierdan y, así, poder olvidarlas”.
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Y eso es en realidad lo que al ser humano le conviene hacer:
Recordar los buenos momentos de su vida y olvidar los malos. No tiene sentido enfocarse en el dolor, ya que eso es pesado y limitante. En tanto que la alegría y la dicha conducen al hombre hacia adelante y hacen su vida más fácil.
domingo 18 de marzo de 2007
El propósito del estudio de la Kabbaláh
“¿A qué se debe la recomendación de nuestros Sabios (Heb.: Mekubalim) según la cual es la obligación de toda persona estudiar la Sabiduría de la Kabaláh? La respuesta a ésta pregunta encierra una verdad muy grande, digna de ser dada ampliamente a conocer: se debe a que aquellos que estudian Kabaláh logran un mérito (Heb.: Seguláh) maravilloso y de valor inconmensurable, a pesar que -a veces- no entienden lo que estudian pero, a raíz de un ardiente deseo y una gran voluntad de entender lo que estudian, despiertan sobre sí las Luces que rondan sus Almas. Esta Iluminación que aquél o aquélla que estudia recibe una y otra vez al ocuparse en el estudio de la Sabiduría de la Kabaláh, atrae hacia él o ella Gracia de lo Alto y un Manantial de Santidad y Pureza (Heb.: Kedushá VeToharáh), y son éstas últimas las cuales ayudan mucho a la persona a alcanzar su propia perfección”
(Rabbi Yehudáh Lev HaLevi Ashlag, el "Baal HaSulam", bendita sea su memoria.)
***********************************************************
El propósito del estudio de la SABIDURÍA DE LA KABALÁH es operar una revolución en la naturaleza de la persona, es decir la creación en su persona del Amor al Prójimo y el Amor al Creador.
La escencia de la Luz Suprema de la Kabaláh es la revelación de Su Divinidad, Bendito Sea, en las criaturas de éste mundo. Por lo tanto, está claro que tanto el individuo como la sociedad en general están en necesidad de ésta Luz como si fuese oxígeno, ya que el Alma del Hombre -y de la sociedad humana en general- anhela la unión con los Mundos Superiores, o sea la unión con los aspectos inmateriales de su Ser. Por éso nuestros Sabios (Heb.: Jaza"l) obligaron a toda persona a ocuparse del estudio de ésta Sabiduría, hasta que sea ampliamente conocida por toda la sociedad Israelita y se constituya en una nueva forma de vida.
Los Secretos de la Toráh representan las diferentes e incontables revelaciones del Creador, el Cual le está oculto al hombre hasta tanto éste no transforme su naturaleza, de ser egoísta a ser altruísta.
Por lo tanto, está claro que aprehender los Secretos de la Toráh no es cosa simple y está destinada solamente para personas serias. Ésto es así, ya que llegar a tal unión con la Divinidad no es fácil: es imperativo un cambio radical en la mentalidad de la persona y en su orden de preferencias y prioridades. Y ésto -a su vez- requiere que la persona se esfuerze al máximo en su labor de Amor al Prójimo y de Amor al Creador.
Pero ése esfuerzo y ése sudor bien valen la pena, ya que por medio de ellos la persona logra elevarse –aunque más no sea una pizca- por sobre la materialidad mundana, y conectarse así con el Aspecto Interno de la Toráh y con el Creador Mismo, Bendito Sea.
La tendencia del Aspecto Interno de la Toráh es inducir en la persona el establecimiento de una forma de vida espiritual, y acostumbrarla a ver y contemplar el mundo y a sí mismo desde una perspectiva espiritual integral (Holística), a fines de trasladar al Hombre de la pequeñez de su amor propio a la vastedad del Amor al Prójimo. Es entonces cuando, más allá de la creación de una atmósfera social ideal, se establece también una comunicación directa con el Creador de toda la Creación.
Se sobreentiende entonces que éste estudio está destinado a personas que aspiran a cambiar su naturaleza, a aprender una forma de vida totalmente diferente de la cual han sido acostumbrados. Y a optar por ella.
Todos aquellos que corresponden al tipo de personas que buscan
significado en sus vidas y que ya experimentaron diferentes caminos, pero llegaron siempre a un callejón sin salida, podrán probar la senda de la Kabaláh, senda que posibilita a la persona hacer cambios en su vida y en la configuración de su Alma. Éstos cambios internos conducen también a cambios externos muy significativos, principalmente al traslado de la persona del egoísmo al altruísmo, de una vida de amor a sí mismo y de satisfacción de apetitos a una vida de donación, de misericordia, de abundancia y de Amor al Prójimo –o sea de Amor al Creador, Alabado Sea.
Se sobreentiende que del estudiante se exige traducir el estudio de la Kabaláh y de los Aspectos Internos de la Toráh (muchas veces llamados “secretos”, o SOD en Hebreo) a un idioma de sacrificio, de devoción y de introspección, si es que su meta es tener éxito en la develación de los “secretos” de la Toráh y en el aprendizaje de la Kabaláh.
Es importante tener en cuenta y no olvidar: el verdadero éxito en el estudio depende de la celosa observación de todo lo antedicho, ya que la Kabaláh no es ciertamente “una ciencia más” sino una forma de vida, puesta a prueba en la realidad de cada día y de cada momento.
ramikot.
===================================================================
Aclaración: (Destinada a ayudar a dejar de lado la cuestión sobre quién puede o quién debe estudiar Kabaláh):
La palabra ISRAEL también se lee en hebreo como IASHAR-EL, término que puede traducirse literalmente como “directo a D-s” y que se refiere a los aspectos nobles y elevados del Alma del Hombre, puestos al servicio de la enmienda del mundo (Heb.: Tikkún).
Nuestros sabios nos indican que el Núcleo Divino llamado ISRAEL, por más diminuto que sea, existe en TODA ALMA HUMANA sin excepción. Y en efecto, el estudio de la Sabiduría le está permitido a todo aquél que aspira a ser “directo a D-s”, o “IASHAR-EL”, sea de ascendencia judía o no.
La diferencia que caracteriza a la Nación Israelita, en éste aspecto, es que los Israelitas están obligados a estudiar Kabaláh y el aspecto interno de la Toráh, mientras que a las demás naciones éste estudio les está permitido.
(Rabbi Yehudáh Lev HaLevi Ashlag, el "Baal HaSulam", bendita sea su memoria.)
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El propósito del estudio de la SABIDURÍA DE LA KABALÁH es operar una revolución en la naturaleza de la persona, es decir la creación en su persona del Amor al Prójimo y el Amor al Creador.
La escencia de la Luz Suprema de la Kabaláh es la revelación de Su Divinidad, Bendito Sea, en las criaturas de éste mundo. Por lo tanto, está claro que tanto el individuo como la sociedad en general están en necesidad de ésta Luz como si fuese oxígeno, ya que el Alma del Hombre -y de la sociedad humana en general- anhela la unión con los Mundos Superiores, o sea la unión con los aspectos inmateriales de su Ser. Por éso nuestros Sabios (Heb.: Jaza"l) obligaron a toda persona a ocuparse del estudio de ésta Sabiduría, hasta que sea ampliamente conocida por toda la sociedad Israelita y se constituya en una nueva forma de vida.
Los Secretos de la Toráh representan las diferentes e incontables revelaciones del Creador, el Cual le está oculto al hombre hasta tanto éste no transforme su naturaleza, de ser egoísta a ser altruísta.
Por lo tanto, está claro que aprehender los Secretos de la Toráh no es cosa simple y está destinada solamente para personas serias. Ésto es así, ya que llegar a tal unión con la Divinidad no es fácil: es imperativo un cambio radical en la mentalidad de la persona y en su orden de preferencias y prioridades. Y ésto -a su vez- requiere que la persona se esfuerze al máximo en su labor de Amor al Prójimo y de Amor al Creador.
Pero ése esfuerzo y ése sudor bien valen la pena, ya que por medio de ellos la persona logra elevarse –aunque más no sea una pizca- por sobre la materialidad mundana, y conectarse así con el Aspecto Interno de la Toráh y con el Creador Mismo, Bendito Sea.
La tendencia del Aspecto Interno de la Toráh es inducir en la persona el establecimiento de una forma de vida espiritual, y acostumbrarla a ver y contemplar el mundo y a sí mismo desde una perspectiva espiritual integral (Holística), a fines de trasladar al Hombre de la pequeñez de su amor propio a la vastedad del Amor al Prójimo. Es entonces cuando, más allá de la creación de una atmósfera social ideal, se establece también una comunicación directa con el Creador de toda la Creación.
Se sobreentiende entonces que éste estudio está destinado a personas que aspiran a cambiar su naturaleza, a aprender una forma de vida totalmente diferente de la cual han sido acostumbrados. Y a optar por ella.
Todos aquellos que corresponden al tipo de personas que buscan
significado en sus vidas y que ya experimentaron diferentes caminos, pero llegaron siempre a un callejón sin salida, podrán probar la senda de la Kabaláh, senda que posibilita a la persona hacer cambios en su vida y en la configuración de su Alma. Éstos cambios internos conducen también a cambios externos muy significativos, principalmente al traslado de la persona del egoísmo al altruísmo, de una vida de amor a sí mismo y de satisfacción de apetitos a una vida de donación, de misericordia, de abundancia y de Amor al Prójimo –o sea de Amor al Creador, Alabado Sea.
Se sobreentiende que del estudiante se exige traducir el estudio de la Kabaláh y de los Aspectos Internos de la Toráh (muchas veces llamados “secretos”, o SOD en Hebreo) a un idioma de sacrificio, de devoción y de introspección, si es que su meta es tener éxito en la develación de los “secretos” de la Toráh y en el aprendizaje de la Kabaláh.
Es importante tener en cuenta y no olvidar: el verdadero éxito en el estudio depende de la celosa observación de todo lo antedicho, ya que la Kabaláh no es ciertamente “una ciencia más” sino una forma de vida, puesta a prueba en la realidad de cada día y de cada momento.
ramikot.
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Aclaración: (Destinada a ayudar a dejar de lado la cuestión sobre quién puede o quién debe estudiar Kabaláh):
La palabra ISRAEL también se lee en hebreo como IASHAR-EL, término que puede traducirse literalmente como “directo a D-s” y que se refiere a los aspectos nobles y elevados del Alma del Hombre, puestos al servicio de la enmienda del mundo (Heb.: Tikkún).
Nuestros sabios nos indican que el Núcleo Divino llamado ISRAEL, por más diminuto que sea, existe en TODA ALMA HUMANA sin excepción. Y en efecto, el estudio de la Sabiduría le está permitido a todo aquél que aspira a ser “directo a D-s”, o “IASHAR-EL”, sea de ascendencia judía o no.
La diferencia que caracteriza a la Nación Israelita, en éste aspecto, es que los Israelitas están obligados a estudiar Kabaláh y el aspecto interno de la Toráh, mientras que a las demás naciones éste estudio les está permitido.
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