jueves, 22 de marzo de 2007

Penas y Alegrías

Al nacer el ser humano, el Señor puso en sus manos dos cajas grises y simples.

Preguntole el hombre/mujer al Señor: “Para qué son estas cajas?”

Le contestó: “En una de las cajas guardarás todas las experiencias positivas de tu vida, todos los momentos de alegría y felicidad, todas las horas de placer y de risa, todos los recuerdos que te alegran y que te colman de amor. Todo lo positivo de tu vida lo guardarás en una de las cajas”

“Y qué haré con la otra caja?”, volvió a preguntar el ser humano.

“En la otra guardarás todos los momentos de pena, dolor y soledad, junto con todos aquellos recuerdos que te causen una sensación molesta. Guardarás en ella todos los momentos de angustia y de miedo, los llantos y los sufrimientos y todas aquellas experiencias ingratas de tu vida”, contestole el Señor.

Preguntó el hombre: “Como sabré distinguir entre las dos cajas? Ambas son simples y del mismo color...!

“Al comenzar a llenarlas ya sabrás cómo distinguir entre ellas”, le prometió el Eterno.

Y así el ser humano comenzó su vida: guardó todo lo bueno y positivo de su vida en una de las cajas, y en la otra metió todos los momentos de pena y dolor. Al pasar los años, la caja de la alegría comenzó a cambiar: ya no era de un gris frío y neutro, sino que comenzaba a cobrar un color vivo y alegre. Y con cada nueva experiencia positiva, la caja iba haciéndose mas colorida y más amena a la vista.

La caja de las penas, en cambio, siguió siendo de un color gris simple y tedioso.

Llegó el día de presentarse ante su Creador, y cuando el hombre llegó a la puerta del cielo le indicaron que debe colocar sus cajas delante del Señor.

En primer lugar el hombre tomó la alegre y colorida caja de los momentos felices, la cual no le causaba esfuerzo alguno a pesar que estaba repleta y pesada, y la colocó ágilmente ante el Trono Divino, a los pies del Creador.

A continuación hizo lo mismo con la caja de las penas, la cual parecía no haber cambiado de peso a través de los años.

Abrió el hombre la caja de la felicidad, y el Señor comenzó entonces a desparramar por Su Templo todos los momentos de alegría del hombre/mujer, los cuales comenzaron a bailar y cantar alrededor de él. Y el hombre/mujer, feliz al recordarlos una vez más, agradeció al Señor el haberle causado guardarlos durante toda su vida.

Llegó el momento de abrir la caja de las penas...

El hombre/mujer se encogió... No quería que el Señor desparramara por el Templo todos los momentos de su vida llenos de dolor y pena. No quería recordar su soledad y sus sufrimientos, sus angustias y sus miedos...

“Ábrela” le indicó el Señor.

El hombre/mujer abrió la caja y miró en su interior. Y he aquí que la caja estaba completamente vacía, y en su fondo se veía un gran agujero!!!

“Lo siento, Señor”, dijo el hombre/mujer, “aparentemente a través de los años he dañado la caja y hay en ella un gran agujero, por el cual aparentemente todos mis momentos de pena se han perdido. No tengo ningun dolor para mostrarte, Señor”, concluyó el hombre/mujer.

El Creador sonrió y le dijo: “ Ningún daño le aconteció a tu caja, hombre/mujer. Así te la dí en primer lugar: con un agujero en el fondo”.

“Una caja agujereada?”, preguntó el ser humano. “Para qué?”

Dijo el Señor: “Al ser humano le es difícil desprenderse de las experiencias de su vida, sean éstas alegres o tristes. Dado que Yo no quise que acumules tus momentos de pena, es por eso que te dí una caja desfondada: para que las tristezas y las penas puedan salir y desvanecerse. Es suficiente experimentar las penas una sola vez, no es necesario que se repitan”.

“Si es así” –preguntó el ser humano- “Para qué me diste dos cajas caja en primer lugar?”.

“El ser humano no puede evitar los recuerdos”, dijo el Señor, “ya que recordar es parte de la escencia humana. Y así como deseo que el hombre/mujer recuerde todos y cada uno de los momentos de Gracia en su vida, no deseo que recuerde los detalles de sus momentos de pena".

"Y es por éso que la caja de alegrías fué diseñada para acumularlas y, así, poder recordarlas...En cambio la caja de las penas fué diseñadada para que estas se pierdan y, así, poder olvidarlas”.

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Y eso es en realidad lo que al ser humano le conviene hacer:

Recordar los buenos momentos de su vida y olvidar los malos. No tiene sentido enfocarse en el dolor, ya que eso es pesado y limitante. En tanto que la alegría y la dicha conducen al hombre hacia adelante y hacen su vida más fácil.

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